
El artÃculo analiza el papel de la fitoterapia en la farmacia comunitaria, abordando sus aspectos legales, usos terapéuticos e interacciones. Destaca el resurgimiento del uso de productos de origen vegetal impulsado por la preferencia por lo “natural”, y su utilización como alternativa o complemento a la terapéutica convencional, especialmente en patologÃas leves o crónicas.
Se describen las distintas categorÃas legales de productos a base de plantas disponibles en España y sus caracterÃsticas diferenciales:
- Medicamentos a base de plantas (uso bien establecido) y medicamentos tradicionales a base de plantas, sujetos a controles de calidad, seguridad y eficacia.
- Productos sanitarios de origen vegetal, cuyo efecto es principalmente mecánico o protector.
- Complementos alimenticios, teóricamente sin finalidad terapéutica y con una regulación menos estricta, lo que puede suponer menos certidumbre en aspectos de calidad y seguridad.
El artÃculo subraya que, aunque los productos fitoterápicos suelen ser bien tolerados, no están exentos de riesgos, especialmente en poblaciones vulnerables y en pacientes polimedicados, debido a posibles reacciones adversas e interacciones medicamentosas. También se alerta sobre la falta de armonización regulatoria y la posible comercialización de productos poco seguros.
Una parte central del artÃculo es una tabla que recoge las interacciones relevantes entre 21 drogas vegetales de uso habitual y medicamentos. Esta tabla sigue, en forma abreviada, el modelo de la tabla de interacciones entre preparados vegetales y fármacos de sÃntesis, elaborada a partir de la revisión de las monografÃas de la EMA y ESCOP, de Fitoterapia.Net (se recoge la referencia a la misma en la bibliografÃa del artÃculo, aunque no se cita explÃcitamente en el texto).
Observando la tabla, se puede deducir que las interacciones son especialmente crÃticas en pacientes polimedicados, en tratamiento con anticoagulantes, antiarrÃtmicos, inmunosupresores o antirretrovirales, o con tratamientos crónicos y margen terapéutico estrecho. También se evidencia que la EMA suele adoptar un enfoque más conservador y preventivo, mientras que ESCOP aporta en mayor contextualización clÃnica, señalando cuándo la evidencia procede de casos aislados o estudios observacionales.
Los autores expresan varias recomendaciones, basadas en las potenciales interacciones:
- Conveniencia de registrar el uso de productos a base de plantas medicinales.
- Priorizar productos con calidad farmacéutica.
- Evitar la indicación de preparados fitoterápicos, sin control sanitario, en pacientes con tratamientos crónicos.
- Notificar sospechas de interacciones o reacciones adversas.
Los autores concluyen que la fitoterapia tiene un potencial terapéutico real, pero también riesgos clÃnicamente relevantes, por lo que se requiere conocimiento especializado para su uso seguro.
Finalmente, se enfatiza el papel clave del farmacéutico comunitario como garante del uso racional y seguro de la fitoterapia, mediante la correcta indicación, dispensación, seguimiento farmacoterapéutico y farmacovigilancia.