

Artemisia annua. Foto: K. Peters (CC)
La esquistosomiasis continúa siendo una de las enfermedades tropicales de mayor impacto mundial. Aunque el praziquantel sigue siendo el tratamiento de referencia, sus limitaciones frente a fases juveniles del parásito, la ausencia de protección frente a reinfecciones y la preocupación por la posible aparición de tolerancia han impulsado la búsqueda de nuevas alternativas. Esta revisión analiza el potencial de los terpenos y terpenoides de origen vegetal como fuente de nuevos candidatos antiesquistosómicos.
El artículo revisa de forma amplia la biología de esquistosoma, la fisiopatología de la enfermedad y las limitaciones del tratamiento actual. La esquistosomiasis afecta principalmente a regiones tropicales y subtropicales, con una carga especialmente elevada en África. Su patología se relaciona en gran medida con la respuesta inflamatoria del huésped frente a los huevos retenidos en los tejidos, responsables de granulomas, fibrosis y complicaciones intestinales, hepatoesplénicas o urogenitales.
En este contexto, los autores destacan el interés de los terpenos derivados de plantas, una familia muy diversa de metabolitos secundarios que incluye monoterpenos, sesquiterpenos, diterpenos, triterpenos y saponósidos triterpénicos. La evidencia revisada procede sobre todo de estudios in vitro y en modelos animales, en los que estos compuestos han mostrado efectos sobre la motilidad y viabilidad de los parásitos, daño del tegumento, reducción de la oviposición, alteraciones reproductivas y modulación de la respuesta inflamatoria y fibrótica del huésped.
Entre los compuestos revisados figuran: limoneno epóxido, citral, carvacrol, acetato de carvacrilo, rotundifolona, partenólido, cnicina, vernodalina, α-humuleno, trans-cariofileno, poligodial, fitol, esclareol, ácido betulínico, ácido oleanólico, ácido ursólico, limonina, hederacolchisido A1, hederacolchisido C y asiaticósido. En conjunto, los datos sugieren un potencial antiesquistosómico relevante, aunque todavía lejos de una aplicación clínica directa.
La revisión no identifica ensayos clínicos con extractos vegetales, aceites esenciales ni terpenos vegetales aislados como tratamiento de la esquistosomiasis. Los estudios clínicos citados corresponden a fármacos antiesquistosómicos establecidos o a derivados de artemisinina reposicionados:
Praziquantel (PZQ)
Fármaco de referencia para todas las formas humanas de esquistosomiasis. Se administra por vía oral, habitualmente como comprimidos de 600 mg con mezcla racémica de los enantiómeros R-PZQ y S-PZQ. La OMS recomienda una dosis única de 40 mg/kg en quimioterapia preventiva. Es eficaz frente a gusanos adultos, pero poco activo frente a fases juveniles.
Arpraziquantel / R-praziquantel pediátrico
Formulación oral dispersable del enantiómero activo R-PZQ, desarrollada para mejorar la palatabilidad y facilitar el tratamiento en niños pequeños. El artículo indica que ha completado ensayos clínicos de fase 3 en población preescolar con esquistosomiasis.
Artemisinina y derivados
La revisión incluye arteméter (AM), artesunato (AS) y dihidroartemisinina (DHA), considerados conjuntamente como artemisininas. Estos compuestos, originalmente antipalúdicos, han mostrado actividad frente a Schistosoma, especialmente frente a fases juveniles. Su principal limitación es la vida media corta y una eficacia inferior a la del praziquantel frente a gusanos adultos.
Combinaciones con praziquantel
Varios ensayos clínicos han evaluado combinaciones con potencial actividad complementaria sobre fases juveniles y adultas, especialmente praziquantel + arteméter y praziquantel + artesunato. Las revisiones sistemáticas citadas por los autores sugieren que las artemisininas asociadas a praziquantel pueden aumentar las tasas de curación, mientras que la monoterapia con artemisininas no muestra el mismo grado de eficacia.
Terapias combinadas de antipalúdicos con derivados de artemisinina
En zonas donde malaria y esquistosomiasis son coendémicas se han estudiado combinaciones como arteméter-lumefantrina, artesunato-mefloquina, artesunato-amodiaquina y dihidroartemisinina-piperaquina. Estos tratamientos se han evaluado por su posible beneficio adicional frente a la esquistosomiasis, aunque su uso amplio plantea preocupación por la presión selectiva sobre Plasmodium y el riesgo de favorecer resistencia a artemisininas.
Los autores concluyen que los terpenos vegetales son una fuente prometedora de candidatos antiesquistosómicos, pero su desarrollo clínico requiere superar problemas de biodisponibilidad, selectividad, estandarización, toxicidad y validación en estudios humanos. Por tanto, su interés actual es principalmente preclínico y como base para el desarrollo de nuevos fármacos o terapias combinadas, no como tratamientos fitoterápicos ya aplicables en la práctica clínica.
Referencia: Faustino C, Pinheiro L, Duarte N. Plant-derived terpenes as emerging therapeutics against schistosomiasis. Int J Mol Sci. 2026; 27 (11): 4799. doi:10.3390/ijms27114799.