

Berberis vulgaris. Foto: A. Ronnong (licencia CC)
La fermentación controlada de extractos de plantas medicinales se perfila como una estrategia tecnológica capaz de modificar selectivamente sus fitoquímicos, mejorar su accesibilidad y generar preparados con actividad biológica independiente de la viabilidad microbiana. Esta revisión analiza el estado actual de los extractos vegetales fermentados como sistemas orientados a postbióticos, un campo prometedor pero todavía con escasa traslación clínica.
La revisión examina estudios indexados en Scopus sobre fermentación y biotransformación de extractos de plantas medicinales. Los autores destacan que muchas sustancias bioactivas vegetales se encuentran en forma glicosilada, polimerizada o de baja biodisponibilidad, lo que puede limitar su actividad biológica. La fermentación microbiana, especialmente mediante bacterias ácido-lácticas, permite transformar estos compuestos mediante reacciones enzimáticas como desglicosilación, hidrólisis, desesterificación, oxidación-reducción o despolimerización parcial.
El concepto central del artículo es que estos extractos no deben interpretarse simplemente como “probióticos vegetales”, ya que su actividad no depende necesariamente de microorganismos vivos. Los autores proponen considerarlos como preparados orientados a postbióticos, en los que la actividad procede de la combinación de fitoquímicos transformados, metabolitos microbianos, fracciones enriquecidas y, en algunos casos, componentes microbianos no viables.
Las bacterias ácido-lácticas son la plataforma más utilizada por su perfil de seguridad y su capacidad enzimática, en particular por la expresión de β-glucosidasas, esterasas, descarboxilasas de ácidos fenólicos y proteasas. Estas enzimas pueden aumentar la proporción de agliconas, modificar polisacáridos, favorecer la liberación de compuestos fenólicos o generar metabolitos con potencial antioxidante, antiinflamatorio, inmunomodulador o antimicrobiano. Las levaduras y los hongos filamentosos, por su parte, permiten transformaciones complementarias, incluyendo una remodelación más profunda de la matriz vegetal y la generación de nuevos derivados.
Entre los ejemplos revisados figuran extractos fermentados de Centella asiatica con Lactobacillus plantarum, asociados a mayor actividad antiinflamatoria; raíz de Berberis vulgaris fermentada con Lactobacillus delbrueckii y Lacticaseibacillus rhamnosus, con remodelación de alcaloides y fenoles; hojas de Lonicera japonica fermentadas con Lacticaseibacillus rhamnosus, con aumento de la inhibición de la xantina oxidasa; rizoma de jengibre fermentado con Bifidobacterium adolescentis y Monascus purpureus, con biotransformación de gingeroles; hojas de Ginkgo biloba tratadas por fermentación en estado sólido con Bacillus subtilis y luz pulsada, con reducción de ácidos ginkgólicos; y hojas de morera fermentadas con Monascus o Aspergillus cristatus, con conversión de flavonoides y aumento de la inhibición de α-glucosidasa.
El artículo no describe ensayos clínicos en humanos con extractos fermentados de plantas medicinales como producto oral terapéutico. La mayoría de los estudios incluidos son in vitro, celulares, ex vivo, en modelos animales o de desarrollo tecnológico. Los autores subrayan que la traslación clínica sigue siendo limitada y que faltan estudios humanos bien diseñados, con dosis, composición química, estabilidad digestiva, biodisponibilidad y parámetros clínicos claramente definidos.
El ejemplo clínico más concreto citado en la revisión pertenece al ámbito dermatológico-cosmético y no corresponde estrictamente a un extracto vegetal fermentado, sino a un postbiótico microbiano: LactoSporin®, una preparación constituida por metabolitos extracelulares derivados de Bacillus coagulans. Fue evaluado en un estudio clínico comparativo aleatorizado en forma de crema tópica al 2% p/p, aplicada durante 21 días en sujetos con acné leve o moderado. El estudio comunicó mejoras en la gravedad del acné y en parámetros inflamatorios, atribuidas a metabolitos postbióticos y no a microorganismos viables.
El interés médico de estos sistemas reside en que la fermentación puede convertir un extracto vegetal en un preparado químicamente diferente, potencialmente más bioaccesible y con una actividad más reproducible. No obstante, la revisión también muestra que el campo se encuentra aún en una fase preclínica o translacional temprana. Por ello, desde una perspectiva clínica, estos productos no deben presentarse todavía como alternativas terapéuticas consolidadas, sino como una línea prometedora de innovación en fitoterapia, dermatología, alimentación funcional y salud animal.
Los autores concluyen que la fermentación controlada de extractos de plantas medicinales ofrece una herramienta interesante para mejorar o modular su perfil fitoquímico y generar preparados con características postbióticas. El trabajo aporta una visión actualizada del campo y documenta numerosos ejemplos experimentales de biotransformación con actividad antioxidante, antiinflamatoria, inmunomoduladora, metabólica o antimicrobiana.