
Ginkgo. Foto: B. Vanaclocha
Una revisión reciente analiza el potencial de 15 plantas medicinales y 21 de sus constituyentes activos en la enfermedad de Alzheimer, integrando evidencia molecular, preclÃnica y clÃnica.
La enfermedad de Alzheimer es un trastorno neurodegenerativo multifactorial en el que intervienen, entre otros procesos, la acumulación de β-amiloide, la hiperfosforilación de tau, el estrés oxidativo, la neuroinflamación, la disfunción mitocondrial y las alteraciones de la neurotransmisión colinérgica. Esta multiplicidad de mecanismos ha favorecido el interés por sustancias capaces de actuar simultáneamente sobre distintas dianas biológicas.
Una revisión publicada en Natural Products and Bioprospecting analiza el potencial traslacional de diferentes plantas medicinales y compuestos derivados de ellas, reuniendo resultados de estudios in vitro, modelos animales y ensayos clÃnicos. Los autores revisan 15 plantas y 21 constituyentes activos con actividad relacionada con mecanismos implicados en la enfermedad de Alzheimer.
Una de las principales ideas de la revisión es el carácter multidiana de numerosos preparados y compuestos vegetales. Entre los mecanismos descritos se encuentran la inhibición de acetilcolinesterasa y BACE-1, la reducción del estrés oxidativo y de la neuroinflamación, la modulación de la formación y eliminación de β-amiloide, la actuación sobre la fosforilación de tau, la protección mitocondrial y la activación de vÃas neurotróficas como BDNF/TrkB y NRF2.
Los autores destacan especialmente constituyentes como crocina, crocetina, curcumina, bilobálido, tanshinona IIA, bacósidos, timoquinona o ácido salvianólico B, para los que existen resultados experimentales sobre varias de estas vÃas.
Entre las especies revisadas figuran Allium sativum, Bacopa monnieri, Centella asiatica, Crocus sativus, Curcuma longa, Ginkgo biloba, Huperzia serrata, Melissa officinalis, Nigella sativa, Salvia miltiorrhiza y Vitis vinifera, además de Hericium erinaceus, un hongo medicinal que los autores incluyen junto a las plantas.
La mayor parte de la evidencia recopilada sigue siendo preclÃnica. En modelos celulares y animales se observan efectos sobre la memoria y el aprendizaje, reducción de la neuroinflamación y el estrés oxidativo, disminución de la carga amiloide y protección de la función sináptica. Algunas intervenciones disponen también de estudios en humanos. La revisión recoge ensayos con azafrán, extractos de ginkgo, centella asiática, melissa, huperzia, melena de león y otras especies o formulaciones combinadas.
El azafrán (Crocus sativus) es uno de los ejemplos de mayor interés. Además de los datos experimentales sobre crocina y crocetina, se han publicado ensayos clÃnicos en pacientes con enfermedad de Alzheimer leve o moderada. También existe experiencia clÃnica considerable con el extracto estandarizado de Ginkgo biloba EGb 761®, mientras que otros candidatos cuentan con estudios mucho más pequeños o realizados en sujetos sanos o con deterioro cognitivo leve.
Esta diferencia es importante: la existencia de actividad experimental para una planta o un constituyente no puede interpretarse automáticamente como demostración de eficacia clÃnica en la enfermedad de Alzheimer.
Desde el punto de vista de la fitoterapia clÃnica, la revisión vuelve a poner de manifiesto un aspecto esencial: bajo el nombre de una misma especie se estudian preparados muy diferentes.
Por ejemplo, para Ginkgo biloba buena parte de la evidencia clÃnica se refiere especÃficamente a extractos estandarizados como EGb 761®. En otros casos se comparan extractos acuosos, hidroalcohólicos, etanólicos, aceites esenciales, polvos de droga o constituyentes aislados. Las dosis y la caracterización fitoquÃmica también varÃan ampliamente.
Por ello, los resultados obtenidos con un extracto determinado no deberÃan extrapolarse al conjunto de preparados de una especie vegetal.
La revisión dedica también atención a una de las principales dificultades para trasladar estos resultados a la práctica clÃnica: la farmacocinética. Sustancias como la curcumina presentan una biodisponibilidad oral muy baja, mientras que otros componentes tienen dificultades para alcanzar concentraciones suficientes en el sistema nervioso central. Se están desarrollando nanopartÃculas, liposomas, fitosomas y otros sistemas de administración para mejorar su absorción y penetración a través de la barrera hematoencefálica.
Los autores recuerdan igualmente que la consideración de estos productos como “naturales” no elimina los problemas de seguridad. Se describen posibles efectos adversos e interacciones, especialmente relevantes en personas mayores y polimedicadas. Entre otros ejemplos, se mencionan el potencial efecto sobre la coagulación de preparados de ajo o salvia roja, la posible interacción colinérgica de Bacopa monnieri y las precauciones asociadas a dosis elevadas de azafrán.
La revisión ofrece una visión amplia de las principales lÃneas de investigación actuales y muestra que diversos preparados vegetales pueden actuar sobre mecanismos biológicos relevantes para la enfermedad de Alzheimer. Su principal interés reside probablemente en identificar candidatos y mecanismos que justifican continuar la investigación traslacional.
No obstante, la evidencia es muy desigual entre especies y preparados. Conviven estudios celulares, modelos animales, pequeños ensayos piloto y algunos ensayos clÃnicos de mayor entidad, realizados además con poblaciones, preparados, dosis y variables de evaluación diferentes.
Los propios autores concluyen que para avanzar hacia una aplicación clÃnica son necesarios extractos mejor definidos y estandarizados, estudios farmacocinéticos, determinación de dosis, evaluación de seguridad a largo plazo y ensayos clÃnicos adecuadamente dimensionados. En una enfermedad compleja como el Alzheimer, el carácter multidiana de la fitoterapia constituye una lÃnea de investigación especialmente atractiva, pero su relevancia terapéutica deberá establecerse para cada preparado concreto y mediante evidencia clÃnica suficientemente robusta.
Referencia bibliográfica